Desde "el lado oscuro de mi corazon", primera entrega
Me percaté que me hablaba a mi justo cuando dijo su última frase:
-Es que tu eres siempre tan alegre y radiante.!!. En ese momento sonó el teléfono de u oficina, me dio la espalda y comprendí que la conversación había terminado.
La gente es libre de percibirte como le venga en gana y esa era su rara percepción y después de todo, aunque no me identificara en ella, era agradable saber que alguien te percibe en amarillo y naranja. Lo más curioso es que eso pasara cuando decido escrbir sobre mi lado oscuro y compartir algunos relatos, cuentos y reflexiones. Quizás mi lado no sea tan oscuro, quizás no son tan pocas las personas que lo tienen, quizás no deberiamos temerle tanto...quizás me entretenga un poco o entretenga a los demás, el caso es que de ahora en adelante queda abriré la serie " Desde el lado oscuro de mi corazón"
El silencio se hacía cada vez más fuerte. Comenzó a sonar tímidamente como el murmullo de las olas a lo lejos, hasta que su rumor sordo apagó el canto de los pájaros que todas las mañanas despierta a los únicos 2 habitantes de aquella casa. El perro de la vecina fue apagando poco a poco sus enérgicos e insistentes ladridos de alerta, que por cierto, esa mañana denotaban una especie de angustia, parecía que quería advertir algo sobre aquella presencia que avanzaba como nubes cargadas de lluvia sobre aquella casa.
El galllo no llegó a cantar 3 veces cuando el sonido de los carros huyendo organizadamente hacia sus trabajos fue el último sonido en escucharse. Lo había arropado todo. La mañana era como cualquier otra, el cielo, timidamente azul, subía de tono a medida que el sol hacía lo mismo y pronosticaba un día agradable.
Cada cosa seguía en su lugar, el perro de la vecina, los pájaros, el gallo, los carros, pero esa ausencia de sonido lo hacía parecer un lugar diferente al de cada día. Había llegado sigilosamente y sin explicación, resultaba angustiante y enloquecedor ver que todo estaba igual, sólo que auel viejo señor sentía que no participaba más de las cosas que le rodeaban.
Debo ser un fantasma, pensó, pero al asomarse por la ventana, uno de los pocos transeuntes que suelen pasar a esa hora le miró tristemente. Se dio cuenta entonces que no era un fantasma, pero estaba consciente que sólo compartía el espacio con esa compañera que ahora le calaba hasta los huesos comono lo había hecho todavía la artritis. Estaba solo en aquella casa o tal vez no, tal vez aquel silencio se había posado definitivamente sobre su casa y no sentiría más ese murmullo irritante de su eterna compañera, la soledad.
3 Comentarios:
Yo siempre te he visto de color naranja.
mayo 23, 2006 4:08 p. m.
Que soledad, eso es muy triste
junio 01, 2006 2:51 p. m.
Si lo es, sin embargo es una realidad sobre la cual,también se escribe a veces
junio 01, 2006 3:22 p. m.
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